lunes, 16 de marzo de 2026

La última persona de la que necesitamos ayuda es Zelensky

 “El presidente Donald Trump está intensificando la guerra contra Irán con la creencia de que una mayor fuerza producirá la victoria. La historia sugiere lo contrario. Cuando el estado más fuerte que inició una guerra sigue escalando el conflicto, a menudo cae en lo que yo llamo la Trampa de la Escalada. Ese es el camino que esta guerra podría estar tomando ahora”, escribió ayer el profesor de la Universidad de Chicago Robert Pape, uno de los analistas que con más matices está narrando la parte política de la guerra de Estados Unidos contra Irán. El análisis, que tiene en cuenta los matices de la actuación de ambas partes, contrasta con la comunicación de la Casa Blanca, cada vez más simple y alejada de la realidad. Estados Unidos, como Trump insistió a NBC en una más de las muchas entrevistas telefónicas que ha concedido esta semana, aún no está dispuesto a aceptar un acuerdo para detener la guerra “porque los términos aún no son lo suficientemente buenos”. Las exigencias de Irán, a las que la prensa generalista estadounidense no ha dado importancia, ya que prefiere quedarse con la afirmación oficial de que Irán quiere llegar a un acuerdo –que busca mostrar debilidad política y militar iraní-, se resumen en tres puntos: cese de la agresión, garantías de que no va a volver a repetirse y reparaciones por los daños causados.  

Evidentemente, los términos no son la capitulación que exige Trump y que desea que se produzca según sus exigencias iniciales: cese del programa nuclear (que Trump afirmó haber destruido), renuncia al programa de misiles y a la flota (Trump también afirma haber destruido ambos) y cese al apoyo al eje de la resistencia. Estados Unidos, que exige imponer la paz del vencedor mientras suplica a sus aliados que envíen buques para hacer lo que no ha podido, reabrir el estrecho de Ormuz, está muy lejos de conseguir sus objetivos. La irracionalidad de comenzar una guerra para castigar a Irán por no haber ofrecido en la mesa de negociaciones la capitulación que ningún país soberano habría aceptado se suma ahora al pensamiento mágico de pensar que la realidad va a parecerse a la propaganda simplemente por seguir escribiéndola en los posts de Truth Social o repitiéndola en mesiánicas ruedas de prensa y entrevistas concedidas a los grandes medios.  

La brecha entre el discurso, con habituales proclamas de pronta resolución, y la realidad es igualmente llamativa en el intento trumpista de detener la guerra rusoucraniana, que el presidente de Estados Unidos sigue sin comprender y, por lo tanto, no puede detener. En la entrevista concedida a NBC, Trump expresa algo similar en relación con la guerra de Irán que, –increíblemente teniendo en cuenta que la respuesta iraní está siendo exactamente la que sus autoridades políticas y militares advirtieron que sería en caso de ser atacados-,– no alcanza a comprender. “Trump afirmó que le «sorprendió» que Irán decidiera atacar a otros países de Oriente Medio en respuesta a la operación estadounidense-israelí, y que los ataques estadounidenses del sábado contra la isla de Jarg «destrozaron por completo» la mayor parte de la isla, pero que «quizá la ataquemos unas cuantas veces más, solo por diversión»”, escribe el medio, que a continuación añade que “también arremetió contra el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, afirmando que es «mucho más difícil llegar a un acuerdo con él» que con el presidente ruso, Vladimir Putin”.  

Tras más de un año de proceso de diálogo para tratar de poner fin a la guerra de Ucrania, la situación sigue siendo la misma: el planteamiento pasa por llegar a un acuerdo primero con Kiev y posteriormente con Moscú, motivo por el cual es Ucrania y no Rusia quien rechaza primero los términos que se le ofrecen, aumentando aún más la hostilidad manifiesta de Donald Trump hacia Volodymyr Zelensky. El presidente ucraniano, por su parte, sigue intentando mostrarse a sí mismo y a su país como uno más de la coalición occidental y, sobre todo, como parte de la solución de una guerra contra Irán que, como la batalla contra Rusia, ve como una lucha común. Ucrania lleva una semana jactándose de haber recibido peticiones de Estados Unidos y varios países del Golfo para que Kiev envíe especialistas e interceptores para ayudar a derribar los drones Shahed con los que Irán está causando daños en las infraestructuras y en las economías de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Bahréin o Jordania. La maniobra ucraniana de apoyar incondicionalmente la guerra y participar en ella indirectamente, suministrando armamento y asesores, ha recibido la respuesta de la Unión Europea y de Irán. Los países del Golfo están, según Kaja Kallas “muy sorprendidos por lo mucho que Ucrania les está ayudando en este sentido, teniendo en cuenta que la propia Ucrania sufre constantemente graves ataques”. Irán, por su parte, ha calificado la actuación de Ucrania como participación en la guerra y ha dejado abierta la posibilidad de atacar su territorio.  

Sin embargo, la oferta ucraniana no ha encontrado la respuesta esperada en Estados Unidos, a quien se dirigía, no solo la oferta de armamento ucraniano para Oriente Medio, sino la insistencia en que Rusia está ayudando decisivamente a Irán. “No queremos perder la ayuda de Estados Unidos por culpa de la guerra en Oriente Medio”, ha llegado a afirmar Zelensky. Para ello, tras la escasa relevancia que Washington les ha dado a los interceptores ucranianos, el presidente ucraniano ha querido resaltar y exagerar la participación rusa en la guerra de Irán. “Mi inteligencia me dijo que ellos dijeron: si Europa y Estados Unidos pueden ayudar a Ucrania con inteligencia en esta guerra!”, afirmó Zelensky en su aparición en el programa de Fareed Zakaria en CNN, “eso significa que Rusia puede ayudar al régimen iraní”, añadió.  

Sin embargo, Donald Trump, que quiere presentar la guerra contra Irán como un conflicto ya ganado y en el que no hay ningún obstáculo ni dificultad, ha restado importancia a cualquier asistencia rusa a Irán. “Puede”, afirmó, “que estén ayudando a Irán un poco”. “Probablemente él crea que estamos ayudando un poco a Ucrania”, añadió en un raro ejemplo en el que Estados Unidos se muestra aparentemente dispuesto a aceptar un ojo por ojo. En realidad, pese al discurso de Ucrania y sus incondicionales, Estados Unidos está poco interesado en destacar la asistencia ucraniana o modificar su punto de vista sobre la guerra en Europa debido a la actuación de Kiev o Moscú en un teatro, el de Oriente Medio, en el que su presencia real es mínima.  

Y eso no solo preocupa a Kiev, sino, sobre todo, a las capitales europeas. “Ucrania es nuestra primera línea de defensa. Invertir en su seguridad es invertir en la seguridad de Europa”, escribía ayer la UE, que sigue luchando para aprobar el crédito con el que financiar dos años más de guerra. Como la parte más interesada en seguir luchando hasta que Ucrania pueda negociar en posición de fuerza, algo inviable a corto, medio o incluso largo plazo, Bruselas mira con recelo la reacción estadounidense al desarrollo de los acontecimientos en Oriente Medio y su efecto en Ucrania. Las negociaciones entre Rusia y Ucrania están “realmente en la zona de peligro”, afirma un oficial europeo citado por Financial TImes. Como admiten Moscú y Kiev, hay una pausa en unas negociaciones ya bloqueadas antes del ataque contra Irán y que cada vez son menos interesantes para Donald Trump, cansado de la ausencia de un acuerdo. Sin embargo, la preocupación de los países europeos no es que las negociaciones vayan a fracasar, sino que la actitud menos hostil a Rusia se traduzca en una propuesta estadounidense más favorable a Moscú que a Kiev.  

El principal temor europeo es que Estados Unidos siga el camino que ha tomado con el petróleo, mercado en el que Rusia ha dejado momentáneamente de ser un competidor problemático para ser una solución temporal a la necesidad de Trump de contener el alza de precios. Esa aportación rusa a la contención de precios o a que no se produzca escasez en el mercado aunque la guerra contra Irán se prolongue es más importante para Estados Unidos que la posibilidad de que Moscú esté apoyando a Irán aportando inteligencia. Nadie más que Zelensky parece creer a día de hoy que Rusia esté suministrando a Teherán armas que Irán produce por sí mismo como los Shaheds, un argumento que denota cierta desesperación por parte de Zelensky. “Tengo pruebas irrefutables de que el régimen iraní los utilizó contra bases estadounidenses en Oriente Medio”, afirmó Zelensky,  que además de saber que Rusia ha entregado Shaheds a Irán, es conocedor incluso de que ese lote concreto ha sido utilizado para atacar aquello que más le importa a su aliado. 

Las sanciones al petróleo ruso, insiste Trump en la entrevista concedida a NBC, se reimpondrán “en cuanto pase la crisis”, una situación en la que Rusia es considerada una solución temporal, pero en la que el presidente de Estados Unidos no parece querer la ayuda de Zelensky, con quien “es mucho más difícil llegar a un acuerdo”. “No necesitamos ayuda”, sentenció Trump para destruir en pocas palabras el intento del presidente ucraniano de acercarse a su homólogo estadounidense aprovechando las necesidades de la guerra. “La última persona de la que necesitamos ayuda es Zelensky”, concluyó Trump.  

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