miércoles, 19 de agosto de 2026

De la «defensa democrática» al militarismo imperialista: la deriva reaccionaria de Izquierda Unida en Asturias


Cuando la "izquierda" abandona a la clase trabajadora

La reciente propuesta de Izquierda Unida en Asturias para declarar el taller de Barros, en Langreo, bien de utilidad pública con el objetivo de facilitar la implantación de una fábrica de vehículos militares de Indra constituye un nuevo episodio de la profunda degeneración política e ideológica de una organización que desde sus inicios renunció a cualquier horizonte transformador.

Las declaraciones de los dirigentes de IU no dejan lugar a dudas. Lejos de defender la recuperación industrial de Asturias mediante un proyecto orientado a satisfacer las necesidades sociales de la población, la organización apuesta abiertamente por convertir la región en un centro de producción vinculado a la industria armamentística.

La afirmación de que Asturias debe convertirse en «el eje y el polo de la política de defensa democrática para España y para todo el arco atlántico» merece una respuesta contundente. ¿Qué significa exactamente esa supuesta «defensa democrática»? ¿La participación del Estado español en las estructuras militares de la OTAN? ¿La subordinación estratégica a los intereses de Washington? ¿El incremento del gasto militar exigido por Estados Unidos a los países europeos? ¿La fabricación de vehículos blindados destinados a alimentar conflictos internacionales?

El recurso al adjetivo «democrática» pretende ocultar la verdadera naturaleza del proyecto. No existe ninguna política de defensa neutral en una sociedad dividida en clases. La defensa del Estado capitalista español es, inevitablemente, la defensa de los intereses económicos, políticos y geoestratégicos de la burguesía española y de sus aliados internacionales.

El imperialismo disfrazado de política industrial

La propuesta de IU representa una aceptación explícita de la lógica imperialista dominante en Europa.

Desde el inicio de la actual escalada militar internacional, la Unión Europea ha impulsado una política de rearme sin precedentes. Los gobiernos europeos han aprobado aumentos masivos del gasto militar bajo el argumento de garantizar la seguridad continental. Sin embargo, detrás de ese discurso se encuentra la necesidad del capital europeo de reforzar su capacidad de intervención económica, política y militar.

La industria armamentística se ha convertido en uno de los sectores estratégicos de esta nueva etapa. Empresas como Indra no actúan como simples compañías industriales dedicadas a la creación de empleo. Son instrumentos vinculados al complejo militar-industrial y a la estrategia geopolítica del Estado español y de la OTAN.

Resulta especialmente grave que una organización que continúa reivindicando la tradición comunista* solo no denuncie esta dinámica, sino que se convierta en uno de sus principales defensores.

La propuesta de declarar las instalaciones de Barros de utilidad pública para facilitar una posible expropiación no se plantea para garantizar un servicio esencial, mejorar las condiciones de vida de la población o recuperar la capacidad productiva al servicio de la mayoría social. Se plantea para acelerar la implantación de una fábrica de vehículos militares.

La utilización del concepto de utilidad pública para favorecer la expansión de la industria armamentística constituye una perversión del propio término.

La gran mentira del empleo

El principal argumento utilizado por IU es la creación de empleo.

La historia reciente de Asturias demuestra el fracaso de este tipo de planteamientos. Durante décadas, los sucesivos procesos de reconversión industrial destruyeron miles de puestos de trabajo mientras las instituciones prometían nuevos modelos productivos capaces de compensar las pérdidas.

Hoy, el mismo discurso reaparece bajo una nueva formulación: la industria militar será la solución.

Sin embargo, presentar la fabricación de blindados como una alternativa para una comarca castigada por el desempleo constituye una enorme manipulación política.

Los trabajadores asturianos no necesitan que su futuro dependa de la producción de armamento. Necesitan una reindustrialización orientada hacia sectores socialmente útiles, bajo control público y con capacidad para satisfacer necesidades colectivas.

La izquierda que propone sustituir la producción industrial civil por la producción militar está aceptando que el bienestar de la población dependa del crecimiento de los conflictos internacionales.

Se trata de una lógica profundamente perversa: para mantener el empleo es necesario fabricar armas; para mantener la producción de armas es necesario que existan guerras, tensiones militares y carreras armamentísticas.

La clase trabajadora no puede aceptar que su supervivencia económica quede vinculada a la expansión del militarismo.

La subordinación a Washington y a la OTAN

La política defendida por IU no puede entenderse al margen del contexto internacional.

Estados Unidos ha exigido reiteradamente a los países europeos un incremento de sus capacidades militares. La OTAN ha impulsado el aumento del gasto en defensa y la ampliación de la producción de armamento.

El Estado español se ha sumado plenamente a esta estrategia.

La apuesta por convertir Asturias en un polo de la industria militar responde precisamente a esta lógica. No se trata de una iniciativa aislada. Forma parte del proceso de adaptación de la economía española a las necesidades del rearme europeo.

Que una organización que sigue utilizando símbolos, discursos y referencias históricas vinculadas al movimiento obrero participe activamente en esta estrategia representa una traición política de enormes dimensiones.

La izquierda institucional contra los intereses populares

El problema no es únicamente el apoyo a una fábrica de vehículos militares.

El problema es la transformación de una organización que se autodefine como izquierda en una fuerza política plenamente integrada en las instituciones del Estado capitalista.

Cuando la prioridad deja de ser la emancipación de la clase trabajadora y pasa a ser la gestión del capitalismo, el resultado es inevitable: aceptación del militarismo, defensa de los intereses empresariales y subordinación a las estructuras estatales.

La experiencia demuestra que las organizaciones integradas en el aparato institucional terminan adoptando la lógica del sistema que pretenden reformar.

IU no constituye una excepción.

La defensa de la industria militar en Asturias es la consecuencia lógica de años de renuncias ideológicas, pactos políticos y adaptación al marco establecido por la socialdemocracia y por la Unión Europea.

La alternativa: el internacionalismo y la solidaridad entre los pueblos

Frente al nacionalismo económico y al militarismo disfrazado de progreso, la izquierda revolucionaria debe recuperar el principio del internacionalismo proletario.

La tarea histórica del movimiento comunista no consiste en fortalecer la capacidad militar del Estado español ni en convertir determinadas regiones en centros de producción armamentística.

Su objetivo debe ser la defensa de los intereses de la clase trabajadora y el apoyo a los procesos de emancipación de los pueblos.

La solidaridad internacional entre los trabajadores es incompatible con la lógica del rearme.

La construcción de una sociedad socialista exige combatir el militarismo, denunciar el imperialismo y rechazar cualquier intento de convertir las necesidades de las clases populares en una herramienta al servicio de los beneficios empresariales y de las estrategias geopolíticas de las grandes potencias.

Quizá la cuestión fundamental sea otra: ¿puede seguir considerándose de izquierdas una organización que promueve la expansión de la industria militar, defiende la estrategia de rearme europeo y presenta la fabricación de blindados como una solución para el desempleo?

La respuesta, desde una perspectiva marxista-leninista, es evidente.

Quienes subordinan los intereses de la clase trabajadora a la defensa del Estado capitalista dejan de actuar como representantes de las clases populares.

La historia del movimiento obrero está llena de falsos aliados que, en momentos decisivos, eligieron situarse del lado del poder establecido. La propuesta de IU en Asturias constituye un nuevo ejemplo de esa vieja contradicción entre el reformismo institucional y la política revolucionaria.

Porque las armas destinadas a fortalecer los proyectos imperialistas nunca podrán convertirse en un instrumento de emancipación para los trabajadores.

(*) IU, organización electoral creada el 29 de abril de 1986 desde la dirección del Partido Comunista de España.


José A. Toledo



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