El pasado 16 de marzo, las principales fuerzas del nacionalismo ucraniano rubricaron un nuevo Manifiesto Nacional que trata de delimitar sus principales tesis en un acto de afirmación de unidad ideológica. Aunque también suscriben el texto otras organizaciones, las tres principales fuerzas firmantes son el partido político Svoboda, el Praviy Sektor y el llamado Cuerpo Nacional, la rama política del Batallón Azov (todos ellos prohibidos y perseguidos en Rusia). En su manifiesto, fijan lo que definen como “los principios y objetivos fundamentales, innegables e inamovibles” del movimiento nacionalista y un plan concreto para alcanzarlos. Un plan que, como señaló
Andriy Biletsky, líder indiscutible del batallón Azov y de las organizaciones civiles creadas a su alrededor, se plantea como “una cruzada contra el régimen” para consolidar el nuevo “gran estado nacional” ucraniano.
Nacionalismo militarista y religioso, autoritario y revanchista
La prioridad del estado ucraniano es hacer realidad “los intereses nacionales de Ucrania” (Pto.1), lo que pasa por “cultivar los valores tradicionales, fortalecer la conciencia nacional, realzar la dignidad nacional” y, al mismo tiempo, “borrar del espacio de información ucraniano la propaganda hostil”. Punto esencial es asegurar al ucraniano el estatus de “única lengua del Estado” (Pto.8). La defensa de “la familia tradicional”, la apuesta por “la generación joven” y la defensa de la “educación nacional-patriótica” se plantea como propuesta para “reestablecer dinámicas positivas en la demografía nacional” (Pto.19).
El manifiesto impone el militarismo y afirma la necesidad del rearme. En esa línea, defiende tanto la creación de un ejército profesional, basado en la alta tecnología, como un ejército de reservistas (Pto.6). Plantea además el rearme nuclear de Ucrania “como base fundamental de su seguridad nacional” (Pto.5), una propuesta que implica la apuesta por la independencia energética vía, además de las energías alternativas, la energía nuclear (Pto.15). El rearme llega a la propia sociedad, con la propuesta de sancionar el derecho la defensa armada y la libre posesión de armas (Pto.7).
La propuesta de unificación y control de la religión también está presente, con el objetivo de creación “de una única iglesia local basada en Kiev”, consolidando así la expulsión de Ucrania de la iglesia ortodoxa rusa (Pto.20).
Los nacionalistas ucranianos defienden algunos principios democráticos como la elección de jueces y algunos funcionarios locales (Pto.11) o la “verdadera” autonomía local (Pto.17). Pero su manifiesto se centra sobre todo en las políticas de control. De esta forma, insisten en la política de purga e insisten en llevar a cabo “una verdadera lustración”, además de reforzar los castigos penales por la corrupción (Pto.9). Proponen además vías para deshacerse de cualquier oposición, incluyendo procedimientos operativos para derribar al Presidente del país o forzar el retiro de cargos electos, jueces o funcionarios (Pto.10).
Geoestrategia propia: un Intermarium desligado de Occidente para hacer frente a Rusia y recuperar los territorios ocupados
El Manifiesto asume el proyecto geoestratégico de Intermarium -que Andriy Biletskiy lleva meses promocionando- al proponer una nueva orientación geopolítica para Ucrania. La propuesta es la creación de “una nueva forma de unión europea”, la Unión entre los países situados entre el Báltico y el Mar Negro. Aunque esta propuesta pretende situar un espacio independiente del este y del oeste (Pto.2), el verdadero enemigo es Rusia.
Considerado como “estado agresor”, el Manifiesto pide la ruptura de relaciones con Rusia, el fin de las actividades empresariales rusas en Ucrania, con sanciones para los capitales, los bienes y los servicios procedentes de aquel país. La política para lo que se consolidaría legalmente como “territorios ocupados”, Donbass y Crimea combina las acciones de bloqueo con un plan orientado a su “liberación”. Este plan no sólo tiene una dimensión económica y de contrapropaganda sino también de contrainsurgencia, con acciones de reconocimiento y sabotaje (Ptos.3 y 4).
La retórica social que no puede faltar en el populismo nacional-derechista
Los firmantes dicen ser conscientes del “estado catastrófico” de Ucrania y, entre los objetivos de desarrollo de su gran estado nacional está “asegurar el bienestar de los ucranianos y el futuro de los niños ucranianos”. Para ello introducen un componente social para su economía nacional. En esta línea, típica del social-nacionalismo, proponen “eliminar el sistema oligárquico, volver a la propiedad estatal de los recursos del subsuelo, activos estratégicos y empresas ilegalmente privatizadas después de 1991, eliminar los monopolios privados, detener las salidas de capitales offshore” (Pto.12) y “prohibir la venta de propiedad agrícola”, considerada como recurso estratégico del país. Proponen igualmente “garantizar los derechos laborales de los ucranianos y crear las condiciones para un movimiento sindical efectivo” (Pto.13). Una efectividad que difícilmente podría llegar a serlo sin un sindicalismo que actuara como correa de transmisión.
La típica preocupación por los pequeños y medianos empresarios en este tipo de movimiento nacional está presente en la propuesta creación de “un sistema social fiscalmente justo” para ellas (Pto.14). También es significativa la propuesta migratoria que combina establecer “condiciones para el retorno de los ucranianos a casa” -posiblemente en referencia a los descendientes de la diáspora ucraniana en otros países, una parte de ella conocida por sus fuertes sentimientos nacionalistas- con “una lucha efectiva contra la migración ilegal” (Pto.18).
En conjunto, el Manifiesto Nacional ucraniano es la modalidad más cercana a las propuestas nacionalistas que conoció Europa en los años 30 y 40 del pasado siglo y, como ellas, está impulsada por políticos iluminados, dispuestos a todo para convertirlas en realidad. Un proyecto al que, como también entonces, los políticos del régimen en el poder no parecen ser capaces de hacer frente. En un contexto así, resulta irrelevante valorar estas propuestas en términos de su potencial éxito electoral. Su lógica nada tiene que ver con la democracia y las elecciones sino con la fuerza para imponerlo en la calle. La historia del bloqueo al Donbass, iniciado por un pequeño grupo de nacionalistas radicales y adoptada finalmente como política de Estado, es un ejemplo de ello.
Como en los años 30 y 40, se trata también de un proyecto que no podrá imponerse. Pero, antes de que esto se haga evidente, sí podría llevar a la destrucción de la sociedad en cuyo nombre pretenden hablar los líderes nacionalistas firmantes del Manifiesto. Unos líderes que dicen estad dispuestos a dar “de ser necesario, sus vidas” por el proyecto.

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