domingo, 1 de julio de 2018

El Plan es obra de Todos

Por Ernesto "Che" Guevara.- Conferencia en el curso de adiestramiento del Ministerio de Industrias el 23 de junio de 1961.

Compañeros:

Al iniciar, con este ciclo de charlas o conferencias, los trabajos de explicación del plan económico, de su importancia, y de las metas que tiene fijadas, estamos entrando ya directamente en un período nuevo de la historia de Cuba.

Hemos acabado, prácticamente, en líneas generales, la tarea de destrucción de toda la estructura del antiguo régimen, y tenemos que iniciar la tarea de creación revolucionaria. Naturalmente que una Revolución no puede consolidarse y no puede marchar hacia adelante, si no es precisamente apoyándose en sus logros económicos.

La ideología de la Revolución, la fuerza de las masas para llevar adelante los grandes principios políticos, todo ello está basado en los logros económicos, en un aumento considerable y constante del nivel de vida de la población.


Naturalmente que estos aumentos de los niveles de vida no se producen todos los años, rítmicamente, con la misma intensidad, y a veces hay que sacrificarlos cuando hay razones de fuerza mayor que obliguen a ello.

Por ejemplo, para nosotros es un gasto grande el tener que armarnos para resistir una invasión, el tener que movilizar a cientos de miles de milicianos para resistir esa misma invasión. Los acontecimientos que motivaron las dos primeras concentraciones de este año, y los sucesos de abril, han retrasado, en alguna medida, los planes económicos del Gobierno; las medidas de agresión de Estados Unidos contra nuestro comercio internacional, también han variado las metas que nos teníamos fijadas.

Los planes no se pueden hacer considerando estos imponderables, sino en forma general. Lo fundamental para el plan es hacer un análisis cabal de la situación, y basado en ese análisis resolver, llegar a otra situación distante, de acuerdo con el esfuerzo de todo el pueblo. Esta es, en definitiva, la base del plan.

Pero antes de explicar en qué se basa el plan y cuáles son sus cualidades fundamentales, tenemos que explicar el porqué de los planes.

Naturalmente que aquí no había surgido nunca la necesidad de hacer un plan económico. Simplemente, las empresas privadas vendían el azúcar, el tabaco, el café o algunos minerales que podían al extranjero, fundamentalmente a los Estados Unidos, y de acuerdo con la cantidad de productos que vendieran, podían invertir más o menos en aquellos bienes que pudieran darles una ganancia más rápida y más alta.

Por eso, en los países capitalistas de estructura semicolonial, como el nuestro, pues había muchos cines, que es algo muy rentable, había muchos automóviles, porque vender automóviles es un buen negocio cuando hay al lado un taller, había muchos edificios en las ciudades para alquilarlos a costos muy altos a la población, había una serie de inversiones improductivas y algunas otras productivas, pero no las fundamentales para la nación, que nos sumían en esta situación de monocultivo, de monoproducción en el azúcar y de dependencia del extranjero para el abastecimiento de todos nuestros artículos de consumo.

Desde el momento en que la Revolución llega al poder y que se producen los cambios que todos ustedes conocen, y de los cuales han sido no solamente testigos, sino participantes, empezaron ya a verse cosas diferentes.

Por ejemplo, nosotros, en el principio del año 59 teníamos problemas, porque las fábricas de cemento estaban a media producción, y hoy tenemos problemas porque las fábricas de cemento no dan abasto.

En el año 59, dentro de aquel panorama de desempleo tan terrible, existía una gran cantidad de oferta de mano de obra calificada; hoy, gracias fundamentalmente –bueno es decirlo–, fundamentalmente, al empleo de esa mano de obra calificada, no hay esa abundancia, sino todo lo contrario. Es cierto que una parte de la mano de obra calificada, de los técnicos, de los profesionales, se han ido al extranjero, a otros países donde se mantiene la vieja estructura de la explotación del hombre por el hombre, pero fundamentalmente la mayoría de los técnicos –es muy fácil sacar cuentas–, la mayoría de los profesionales están en el país. Sin embargo, la situación es completamente diferente.

Hoy cuando se hace el cálculo de una obra –para ponerlo en términos que cualquiera lo entienda–, cuando vamos a hacer un nuevo edificio cualquiera, no tenemos que preguntarnos si Hacienda nos va a dar o no el crédito para el edificio, lo que tenemos que preguntarnos es si hay cemento para ese edificio, si los otros organismos que construyen no nos han quitado esa posibilidad. Si hay cemento, también hay que preguntarse si hay cabillas, y, además, hay que preguntarse si hay materiales eléctricos, hay que preguntarse si hay equipos de construcción y hay que preguntarse también si hay la mano de obra calificada necesaria para hacer una construcción de alguna dificultad técnica.

Es decir, ya empezamos a notar que es necesario utilizar nuestros recursos en la forma más racional posible para utilidad del plan. Y es una cosa clara que el plan nace en el proceso de la Revolución Socialista; el plan es al socialismo, como la anarquía de la producción es al capitalismo.

Es decir, en el momento en que abandonamos nuestro antiguo sistema social capitalista y entramos en el nuevo sistema social, en el cual los medios de producción están en poder del pueblo, empezamos a necesitar el plan. Es decir, que el plan es algo que se impone, que la vida impone a la Revolución en este momento, que quizás pudo haber sido un año antes, es cierto, pero que no puede haber sido de ninguna manera un año después, porque si nosotros seguimos un año más sin plan se crean profundos disturbios en la economía cubana.

Está bien claro, entonces, que el plan es algo que nace de las nuevas relaciones de producción.

¿Qué es necesario para ese plan? Bien, naturalmente, ya lo hemos dicho, un sistema social donde los medios de producción estén en poder del pueblo, en poder del Estado, que representa al pueblo.

Es el caso de Cuba, donde la gran mayoría de los medios de producción, sobre todo en la industria, están en manos del pueblo. Además, sabe que están todos los medios financieros, todos los bancos, en poder del pueblo, todo el comercio exterior en poder del pueblo, una buena parte del comercio interior, todo el gran comercio interior, o una buena parte también, y el pequeño comercio, que no puede crear disturbios, sigue en manos de los particulares; y la mitad de la producción agrícola está en manos del Estado, aunque mucho más de la mitad está controlada por el Estado a través de todas las asociaciones que se hacen para organizar la producción.

Con tales requisitos podemos entrar perfectamente al plan.

Además, es preciso considerar qué otros requisitos se necesitan. Bien, un requisito fundamental es saber qué es lo que se tiene para saber entonces qué es lo que se quiere y sacando la diferencia qué es lo que hay que hacer.

Es claro que si nosotros no sabemos hoy lo que tenemos, al hacer un plan, de tener mañana cualquier cantidad de cosas, lo de hoy más otro poco, no podremos valorar nuestro esfuerzo, porque si no sabemos lo que hoy tenemos es imposible valorar nuestro esfuerzo. Y, precisamente, el plan se basa en el análisis de la realidad, de las cosas que existen hoy, y en poder, entonces, conociendo realmente eso, y conociendo el valor del pueblo, empujar el pueblo hacia nuevas conquistas, porque el plan es una obra conjunta. Tiene una dirección centralizada en la Junta Central de Planificación, donde se hacen los cálculos y a nivel de las más altas esferas del gobierno, donde se toman las decisiones.

Pero el plan es obra de todos. Sigue un proceso, primero de arriba hacia abajo, después de abajo hacia arriba, comenzando arriba por razón del menor número de gente del Gobierno, y a medida que baja hay mayor número de gentes, hasta las fábricas, las asambleas de producción, y después vuelve a subir. Llega de nuevo al Gobierno y vuelve a bajar.

Explicaremos esto más concretamente después, pero lo fundamental es explicar que es una obra de todos, que el plan se basa precisamente en saber conocer a la gente, conocer los esfuerzos de que es capaz el pueblo cuando está en revolución, y conociendo las realidades llevar al pueblo a esa nueva etapa o a esa nueva cifra de producción.

Estamos, pues, que la dirección centralizada del plan es importante, aunque es el trabajo de todos, y que las estadísticas, el conocimiento de la realidad, es otra de las cosas fundamentales.

Ahora bien, nosotros podemos confeccionar el plan con los aparatos actuales, pero el mecanismo de confección, en sus primeros momentos, es un mecanismo más o menos abstracto.

Se toman las cifras, digamos, las grandes metas políticas del Gobierno. Para poner un caso concreto de nuestra elaboración del plan: el Gobierno establece como cifras o como aspiraciones fundamentales, ya se ha dicho que liquidar el analfabetismo, por ejemplo. Liquidar el analfabetismo conlleva crear una serie de escuelas muy grandes, para mantener ese ritmo, para que el analfabetizado hoy siga superándose. Además, conlleva todo un plan de educación, porque la aspiración del Gobierno es educar al pueblo hasta sus más altos niveles.

En tal caso, ya tenemos una cifra, digamos, para nuestro plan de construcciones nada más. Hay una cifra muy importante, que es la cantidad de escuelas que el Gobierno necesita para liquidar el analfabetismo en tantos años, y para poder asegurar a todos los cubanos una educación secundaria básica.

Otra aspiración del Gobierno es dar una asistencia médica, lo mejor posible, a todo el mundo. Eso conlleva la creación de nuevos hospitales, de nuevos centros de salud de todo tipo, desde grandes hospitales generales, hospitales especializados, pequeños dispensarios, obras generales para la prevención de las enfermedades, como son todas las vacunaciones masivas, los edificios para ese tipo de actividad, como son las obras que no se ven, de una importancia enorme: los alcantarillados, las obras de sanidad pública. Ya hay otra cifra.

Es necesario, al mismo tiempo, darles casas a todos los cubanos que no tienen casa. Bien, hay otra cifra. Es necesario construir un número de industrias muy grandes. Es otra cifra.

Es necesario construir caminos, carreteras, ferrocarriles, puentes, acueductos, diques, para servir a estas industrias, en general; es necesario construir minas, todo el aparato de las minas que se van a desarrollar; es necesario mejorar los puertos para exportar los productos; es necesario mejorar los almacenes.

Van sucediéndose cifras de las cosas importantes que el Gobierno quiere hacer como parte de su plan económico y de su plan de atención a la población. En la Junta Central de Planificación se hace un balance de todas las necesidades del Gobierno, y se ve pues, que es imposible para el Gobierno nuestro, digamos en cinco años, liquidar totalmente la necesidad de casas de los cubanos, que es muy grande; hacer, al mismo tiempo que eso, todos los hospitales necesarios, todas las escuelas necesarias de los tres tipos, es decir, primarias, secundarias, universitarias; hacer todas las industrias, todas las carreteras, todos los puertos.

Entonces, llega el momento del balance. La producción está indicando qué es lo que se puede hacer. Se llega entonces a las grandes cifras; se corta, por ejemplo, las casas, y se dice: bueno, en Cuba todos los años ingresan tantos miles de hombres y mujeres, de gente que tiene que formar familia, que necesita nuevas casas; vamos a hacer ese número de casas, más un diez o un quince por ciento. Es una cifra tentativa.

Las industrias, por supuesto, hay que hacerlas todas; las inversiones en la agricultura hay que hacerlas todas, porque es lo fundamental, es lo que va a permitir el desarrollo, la creación de las riquezas que permite el desarrollo; al transporte, hay que darle una atención muy grande, porque es el que lleva las riquezas; las escuelas, hay que darle una atención, pero hay que limitarlas, porque no podemos, tenemos una cantidad tal de cemento y cabilla, no podemos hacer todo. Recortamos hasta donde se puede, recortamos en hospitales.

¿Vemos que en hospitales queda muy bajo? Decimos: bueno, no se puede hacer tanta industria, vamos a cortar alguna industria, no hay más remedio que bajar nuestra tasa de desarrollo, y entonces vamos a quitarle eso para un hospital.

Esa es la forma en que se elabora arriba, en grandes líneas; no se hacen cálculos exactos todavía. Esas grandes líneas, de todos los productos en todos los planes van a los respectivos ministerios, donde se discuten.

Ese es el momento que estamos viviendo, el momento en que se han discutido, se han mandado las primeras cifras a los ministerios.

Los ministerios han trabajado con las distintas empresas y, pues, nosotros hemos establecido nuestro contacto para el trabajo del plan. Esa es la razón de este ciclo. En este momento estamos, pues, trabajando nosotros para después todavía seguir afirmando esto; llevar, después que ha pasado por el ministerio y que se han elaborado las primeras cifras, que han vuelto a Planificación, que tienen que ir hacia abajo de nuevo las nuevas cifras. Que lleguen al pueblo, que lleguen a los obreros, y que en cada centro de trabajo se discuta. Y esa es la parte importante.

Nosotros nos podemos equivocar, y nos equivocaremos mucho, en todas las cifras que vamos dando, pero son cifras conocidas, son cifras de crecimiento donde uno se puede equivocar en uno, en un dos por ciento, en un tres por ciento, y en definitiva no van a ser una catástrofe todas las equivocaciones de tipo administrativo que puedan ocurrir durante la confección del plan.

El plan tiene vigor y tiene vida en el momento en que llega a las masas. Allí es donde el plan adquiere la nueva dimensión de procedimiento socialista, de procedimiento de país en revolución, para solucionar sus problemas económicos. ¿Por qué? Porque nosotros no hemos hecho un simple diagnóstico de la economía, no hemos hecho, simplemente, una prevención de lo que va a ocurrir en los años venideros, sumando mecánicamente nuestras tasas de crecimiento. Todos ustedes los que trabajan en una industria, los que trabajan en un ministerio, saben bien que se puede calcular fácilmente eso, ustedes conocen sus máquinas, conocen la producción anual, y que el aumento de la demanda es de un dos, un tres por ciento, un uno por ciento, o un cuatro, y que entonces pueden, razonablemente, calcular que va a ser de un tanto por ciento al final de un cuatrienio, como es nuestro plan.

Esa sería la forma de analizar una coyuntura, y de establecerla como el resultado de una elaboración administrativa. Para eso no es necesario el pueblo, simplemente unas buenas máquinas de calcular y un conocimiento aceptable de la situación del país. Nuestras industrias se desarrollarían, y nuestra vida en general, de acuerdo con el establecimiento de demandas de consumo, de acuerdo con una tasa histórica.

Sin embargo, cuando un país entra en revolución, cuando se produce la distribución de la riqueza, la redistribución, y cuando se van creando nuevas riquezas para beneficio de los que todavía están en situación inferior al nivel de la población, hay que variar totalmente los aumentos y los niveles históricos de consumo (…).

Esa es la diferencia entre el cálculo económico que puede hacerse de lo que va a pasar en un país, conociendo la cifra, y de lo que tiene que pasar en un país cuando se está en revolución. Es decir, que el plan no solamente analiza las cifras, sino que el hombre está ahí, trabajando en el plan; el hombre es parte del plan y factor importantísimo de él. Prácticamente puede decirse que la Revolución es la que le da la tónica al plan.

Es decir, que no solamente el plan es el producto, la necesidad de esta época de desarrollo socialista, sino que, además, se mide en la tónica del plan la tónica de nuestro desarrollo, de nuestra capacidad política, de nuestra comprensión de los problemas generales del país. Cuanto más comprenda cada uno de ustedes la importancia de su tarea para el desarrollo total del país, más rápidamente avanzaremos hacia solucionar los problemas. Y el plan estará indicando esa comprensión total del pueblo, esa clarificación de los grandes problemas económicos y de la forma de solucionarlos.

El plan, fundamentalmente, tiene tres partes. Esta primera, donde interviene el pueblo con su crítica, donde hace la contraproposición del plan, donde obliga a nuevas discusiones a los organismos superiores, hasta que ya queda fijo el plan como la meta de los años venideros.

Ahora bien, después que el plan llega hasta esa etapa, que ya se han producido las contrapropuestas a nivel de cada fábrica, de cada centro de producción, entonces el plan debe convertirse en una ley de la Nación, que no se puede violar. Es decir, el plan no es un juego de niños, en el plan no se están haciendo discusiones de café, sobre si se puede o no se puede obtener tal o cual producto en tal o cual maquinaria. Debe ser una cosa muy discutida y muy pesada, donde se ponga todo el entusiasmo revolucionario para producir lo más que se pueda, pero al mismo tiempo, toda la conciencia revolucionaria para no anunciar la producción de lo que no se puede anunciar.

Todas las cifras van a juntarse después, y las cifras equivocadas sí inciden en el desarrollo de ese plan.

Bien. Esta es la primera parte: se ha elaborado el proyecto del plan, se ha elaborado y se ha hecho una ley; ahora falta que cada uno demuestre en su puesto de trabajo que, efectivamente, era capaz de hacer lo que se comprometió a hacer cuando firmó su parte del plan.

Esta es la parte de realización del plan. Allí, de nuevo, cada uno de ustedes, en su puesto, juega un papel importantísimo. Es decir, es el papel de desarrollar la conciencia revolucionaria para poner en tensión sus fuerzas para lograr las metas.

Es decir, que nosotros no aspiramos ahora a que cada obrero en estos planes quinquenales… cuatrienales –o en este cuatrienal, y en los quinquenales que sigan–, no aspiramos nosotros a que el obrero obtenga condiciones más suaves de trabajo estos años; estos son años de sacrificio, hay que tenerlo bien claro. Tenemos primero que llegar a que todos los compañeros tengan un mismo nivel, para después empezar a dulcificar, digamos, las condiciones, hacerlas cada vez mejores, disminuir las jornadas de trabajo, lograr más esparcimiento, más distracciones de tipo cultural, ir haciendo que el obrero sienta cada vez menos pesado el fardo de su trabajo diario.

Pero ahora, esta es la tarea de todos, y todos tenemos que ponernos a pensar en la manera mejor de cumplir el plan. Y cuando haya, en un centro de trabajo, por ejemplo, un grupo de hombres, o algún obrero, que sobresalga enormemente de los demás por algunas virtudes naturales, que pueda cumplir su plan en menos tiempo, cumplir las metas diarias, las metas mensuales, ese hombre, si es un buen revolucionario, debe ir la banco de al lado, a la máquina de al lado, al grupo de al lado, y dar sus consejos para que todo el mundo progrese en la misma forma.

Es decir, el plan también, como una característica de la época socialista, junta a las personas. Nadie es responsable solamente de su tarea. Como en un ejército, la tarea de cada uno es muy importante, pero si no hay una tarea conjunta y pareja, no puede tener ningún resultado la heroicidad de un hombre o el trabajo desmedido de un obrero en un solo lugar. Como se mide es con el trabajo conjunto.

Y el obrero, ya desde el momento en que entra al plan, no debe soltarlo más; debe ser el centro de las conversaciones, el centro de los problemas diarios. Es decir, no es un día en una asamblea de producción, donde los obreros se han comprometido ante su centro de trabajo a realizar tal cantidad de productos en el tiempo de duración del plan, y ya no hay más. Hay un compromiso que se puede cumplir, que más o menos se va a cumplir, ¡pero se acabó el plan! No, porque queda una tercera etapa. Cada uno está realizando su plan, ¡bien!, cada uno está cumpliendo su meta de producción, pero queda el control del plan, y el control del plan, naturalmente que tienen una importancia enorme en los organismos centrales, los organismos que van viendo, en grandes cifras, dónde se producen los desbalances, investigando por qué hay determinado sector de la producción que está muy atrás en el cumplimiento de su plan. Pero el control también deben cumplirlo los obreros a su nivel, como obrero individual, como grupo en los comités de fábrica o en las federaciones, estar constantemente en contacto con los centros de producción donde trabajan, y averiguando cómo está la producción, las razones por las que está más baja o las razones por las que ha subido, dónde hay los estrangulamientos cuando hay algo que anda mal, y tratar de solucionarlo.

Es decir, el obrero es una parte importante de la fábrica donde trabaja, está ligado a la fábrica. No puede haber separación entre el hombre que trabaja y en centro donde trabaja. Todo es una sola cosa indivisible, a la cual hay que darle los mejores esfuerzos, porque, además, esa fábrica, no está separada de otras fábricas de esa misma empresa, o de otras fábricas del total de la Nación. Esa fábrica es también un todo en la Nación; cuanto más armónica sea esa conjunción de todas, y cuanto más firme sea la unión de todos, mejor marchará el plan, más fácilmente y más rápidamente.

La tarea de control del plan, es una tarea de inspección y al mismo tiempo de corrección. Es decir, el plan va desarrollándose, y los organismos encargados del control van investigando cómo marcha. Cuando se nota una diferencia, hay que ir allí y hay que modificar las circunstancias que hacen que el plan esté incumpliéndose en ese momento.

Ahora bien, al hacer un plan, y al hacerlo dentro del espíritu de confraternidad de un mundo que está surgiendo cada vez más pujante, como es el mundo socialista, tenemos que pensar no solamente en realizar los planes, en crear productos para satisfacer las necesidades de la gente, sino que tenemos que pensar muy seriamente en otros factores y es en qué productos vamos a crear. ¿Por qué? Porque en un país tan pequeño como Cuba, crear todos los productos necesarios para su población es imposible, porque sería incosteable. Por ejemplo, los países industrializados hacen miles, y tal vez millones de automóviles; algunos hacen millones de automóviles. Nosotros tendríamos que hacer unos cuantos. Dentro del automóvil –todavía se puede hacer un automóvil– dentro del automóvil hay algunas piezas que se hacen en países industrializados, en máquinas automáticas, por miles y que cuando se hacen por métodos más rudimentarios salen muy caras.

Como nosotros estamos comerciando fundamentalmente, y teniendo intercambios, contratos, con una parte del mundo donde el valor social del trabajo es una cosa muy importante, el precio de cada artículo es un precio aproximadamente igual, donde no dependen tanto los factores de mercado como los factores de facilidad de la producción, de productividad de las maquinarias, y de especialización en determinados rubros.

Por tanto, tenemos nosotros que empezar a pensar en cuáles serán las líneas generales del desarrollo de Cuba. Y dónde podrá hacerlo fácilmente, y dónde tendrá que contar con muchas dificultades.

Y esta es otra de las partes muy importantes de las líneas generales del plan, en esta etapa, sobre todo, que es una etapa de construcción del país. En países donde ya están desarrolladas todas las industrias, ya no tiene tanta importancia; pero nosotros hoy tenemos que elegir cómo va a ser nuestro desarrollo, y tenemos que elegirlo calculando, por ejemplo, que por más que nosotros trabajemos, necesitaremos, tal vez, veinte o treinta años, para ser especialistas en la construcción de determinados… vamos a poner de aviones, y que dependeremos de un mercado extranjero –nosotros no podemos tener aviones con nuestro mercado–, y que dependeremos de la importación de muchas cosas del extranjero, o si no de la importación de muchas cosas del extranjero, fabricarlas aquí en pequeñas cantidades, muy caras. Sin embargo, nosotros podemos producir azúcar.

Y ya en este momento no tiene que darnos el espanto que nos daba antes producir azúcar, porque ya no es el monocultivo anterior, ya no es la etapa del proceso imperialista, en el cual cada país dividido creaba una materia prima y nada más que una materia prima, para satisfacer los mercados de la metrópoli, que vendía a ese país todo el resto de los productos elaborados. Ahora se trata de la división internacional, socialista, del trabajo.

Es decir, que nosotros tenemos que especializarnos en hacer aquellas cosas que sean más fáciles para nuestro pueblo. Porque incluso hay tradición, porque un tabaquero tiene que hacer un tabaco mucho mejor y de más calidad que un tabaquero de cualquier otra parte del mundo. Eso es una tradición de trabajo. Claro, desgraciadamente, es un arte manual en una época de la maquinaria. Pero es una tradición. Hay que buscar las máquinas para hacer tabaco, y en el futuro ir a hacer tabaco en máquinas, pero conservando la calidad.

Tenemos la tradición, ya, del azúcar; tenemos cierta tradición de algunos otros artículos, y, sobre todo, tenemos la facilidad de algunos nuevos, donde la naturaleza nos ha brindado, con alguna generosidad, esos productos, por ejemplo, en minería. Está visto que tenemos hierro, aunque no sabemos todavía exactamente la cantidad, pero de todas maneras hay mucho hierro. Hay manganeso, hay cromo, hay níquel, es decir, hay la base de una siderurgia. Nos falta, es cierto, el carbón, pero tenemos todos los otros elementos para hacer todo tipo de acero.

Es algo en que podemos especializarnos; no será tan fácil como el azúcar, en que ya está todo dado, pero tenemos base, tenemos materia prima, y es algo imprescindible para un país el tener una base siderúrgica. Entonces, uno puede fácilmente elegir ese camino. Puede, quizá, elegir el camino de la construcción de barcos, siendo una Isla en un lugar estratégico de las comunicaciones, pero ya eso es motivo de muchas y profundas discusiones.

Lo que yo quería explicar, nada más, es cómo además en el concepto del plan, tiene que ir el concepto de la especialización del plan o especialización de la producción, para poder estar en mejores condiciones, para poder comprar más artículos con el producto del trabajo del pueblo de Cuba. Porque, a su vez, habrá otro país que hará los aviones más baratos, porque tendrá las facilidades suficientes para hacerlos, y a donde nosotros podremos comprar en contratos éstos, a largo plazo. Es decir, la parte de las relaciones con los países socialistas se lleva por contratos a largo plazo, donde ya todo está previsto, o lo fundamental está previsto.

Nosotros tenemos que calcular nuestro consumo de acero, nuestro consumo de camiones, de tractores, y, dentro del acero, nuestro consumo de los distintos laminados, nuestro consumo de materias primas que no se pueden hacer aquí, de harina, en fin, de toda clase de materias primas industriales, y eso contratarlo a largo plazo, para saber ya que el proceso de esa industria va a marchar sin dificultades.

El plan consta de varias divisiones, de las cuales los compañeros hablarán, de cada una de ellas, y explicarán su concepto detenidamente en clases, en conferencias posteriores. Yo quería, simplemente, darles una idea de estas cinco divisiones del plan. Está el Plan de Producción. El Plan de Producción de las empresas, quizá lo más importante desde un punto de vista inmediato, es lo que se va a hacer. Ahora tenemos que ver qué es lo que vamos a hacer el año que viene, a hacer para satisfacer las necesidades del pueblo de Cuba.

Todo el mundo empieza con entusiasmo, entonces, a hacer sus cálculos de lo que puede hacer en beneficio del pueblo, pero entonces empieza la primera realidad: «Bueno, pero para hacer esto, necesitamos esta materia prima.» Es decir que, cuando hay un plan de producción, tiene que ir muy conexo un Plan de Abastecimiento. El Plan de Abastecimiento, entonces, nos va a dar la limitación, si es que hay limitación, por ese lado, al plan de producción.

En este año, digamos, en el año que viene, en el 62, o para un año sólo, no tiene importancia, pero para todos los años hay que calcular una cosa muy importante, que es cuánto trabajo, cuánto tipo de trabajo distinto se va a invertir en hacer una mercancía nueva, en crearla, es decir, qué costo tendrá esa mercancía. Entonces, hay que hacer también un Plan de Costos.

Bien, pero el desarrollo de la nación va exigiendo cada vez nuevas industrias, que se agreguen a las que ya existen, y al mismo tiempo nueva maquinaria que se agregue a la existente en cada fábrica, para mejorar el proceso de la producción. Eso es el Plan de Inversiones.

Y cada vez que se hace una industria, y en las industrias viejas también, cada año, tiene que revisarse la parte humana, la parte que hace funcionar las industrias, que es el hombre, y frente al hombre tiene que haber entonces la cantidad de hombres que se van a necesitar, de individuos, de fuerzas de trabajo, y el salario que se va a pagar. Ese es el Plan de Trabajo y Salarios.

Estos son los cinco planes con los cuales nosotros tendremos que ir familiarizándonos cada vez más, ver cómo se interrelacionan y cómo entre ellos van jugando, a veces impidiendo en un lado, estrangulando en un lado o estrangulando en otro, el proceso del desarrollo.

Hoy, por ejemplo, hablar de la parte de trabajo, del Plan de Trabajo y Salarios, parece una cosa risible, porque hay mucha gente que quiere trabajar. Sin embargo, ya hay lugares donde la falta de una mano de obra determinada, calificada, impide realizar un plan. Por ejemplo, en construcciones ya están faltando los albañiles y la gente especializada.

En los años siguientes, cuando empiecen a echar hollín de verdad nuestras fábricas, ustedes van a ver cómo va a haber muchos lugares donde falta la mano de obra técnica, la mano de obra especializada, y entonces no se puede desarrollar con la suficiente velocidad una determinada fábrica, una determinada línea de producción.

Bien, para compaginar todos estos planes, para darles un valor único, para poder hablar de todos, juntarlos en una misma expresión, es que se hace el Plan Financiero, el plan total de la empresa, donde se refleja, en dinero, la producción. A nosotros, naturalmente, cada vez nos tiene que interesar más el producto, lo que se hace, lo que se crea mediante el trabajo humano, y debemos acostumbrarnos a que tenemos la misión, dentro del proceso productivo del país, de crear esos artículos, de hacer artículos de consumo, o nuevas maquinarias, para el bienestar de la población. Pero para llevar los controles y para llevarlos de una forma adecuada, es que se usa el Plan de Finanzas.

Estas son las cosas fundamentales que queríamos llevar ante ustedes y que serán el motivo de estudios detallados, de estudios detenidos, de la gente que tenga que trabajar en estos días; fundamentalmente, nosotros lo hacemos para las empresas del Ministerio de Industrias. Pero interesaba también que fuera conociendo todo el pueblo las características del plan, qué es un plan; es decir, lo que tiene de vivo, lo que tiene de popular, lo que tiene de importante como obra creadora del pueblo y lo que tiene de importante como la acción de la voluntad del hombre, sobre las posibilidades o sobre la economía, para transformarla y cambiarle su ritmo. Es decir, el plan en lo que tiene de revolucionario y de socialista, lo que va permitirnos crear en el futuro las riquezas que harán que se presten mejores servicios a la población, que se hagan nuevas fábricas y que se entre en el proceso de industrialización acelerada, que ya está a las puertas.

Naturalmente, queda por precisar solamente que todo este plan se ha hecho pensando solamente en el pueblo de Cuba, en la aspiración que tiene a mejorar su nivel de vida, en la decisión que tiene de afrontar los sacrificios de hoy para mejorar el nivel de vida mañana y para que todos, no solamente sus hijos sino él mismo, en pocos años, puedan gozar de una vida mejor.

No hemos considerado aquí, ni podríamos hacerlo, las agresiones del imperialismo. Esas agresiones pueden ser de tipo de bloqueo económico, como son hoy, pueden llegar a ser en una invasión de mercenarios, como ya lo fueron, o incluso, quizás pueden llegar a atreverse a más, y esos son imponderables que nosotros no podemos precisar; lo que sí es que, cuando se produzca cualquiera de las agresiones del imperialismo, y yo estoy seguro que alguna harán, alguna, de algún tipo –no quiere decir esto que sea la más dramática ni la más trágica la que ellos elijan, pero que tratarán de molestarnos, es parte de su razón de ser, como imperio, y que lo hagan–, pues cuando se produzca, eso va a crear cierta desventaja y va a detener el plan, porque muchos de ustedes serán llamados a las armas, o porque falten abastecimientos para determinada industria, en fin… incluso porque pueden ser destruidas las industrias por bombardeos. Ahora, si eso ocurre, pues, inmediatamente tenemos nosotros… eso pasará, ya la capacidad de agresión del imperialismo está mermada cada vez más, y esa será una acción que durará un tiempo pero después pasará.

Si sucede eso, si llega a haber cualquier agresión imperialista, y eso limita el desarrollo de nuestro plan económico, apenas acabe tenemos que pensar de nuevo en el plan, tenemos que pensar en el plan y ponernos, incluso en tensión, para recuperar el tiempo perdido; porque todo lo que sea producir, todo lo que sea crear riquezas en este momento es la base de nuestra felicidad futura. Y, además, porque tenemos un compromiso de honor con América entera, pues somos un ejemplo para América, un ejemplo que están siguiendo los pueblos, que está cambiando el panorama de la política internacional en estos últimos tiempos, y que está demostrando la fuerza de convicción que tienen los hechos de la Revolución cubana.

Por todo eso, nuestra tarea también tiene que tener la responsabilidad de ese nuevo continente, de ese nuevo público que tenemos, para nuestra labor diaria; y también para ellos y para que puedan convencerse con nuestro ejemplo de lo que puede hacer un país en Revolución, ahora hablando Socialismo en castellano, es que tenemos que realizar nuestro plan, cumplirlo, sobrepasarlo si es posible, y levantar nuestro nivel de vida a alturas insospechadas en América.

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